DEDICADO A LOS DÍAS NARANJAS
Hay
un mundo más allá del mundo,
en la mente del visionario perdido: él
ideó la Tierra,
y los mundos y sus guerras.
Quizás no esté dotado de inteligencia
y sea
la mano aérea de la física: pero hay
más mundos lejos de éste
e incluso dentro de él.
En sí mismo no sirve de nada un
predicador,
no llenan los sueños imposibles los
huecos hondos de la soledad,
no vale nada una promesa sin tiempo
para cumplirla –desde el principio del
Mundo: el mundo latente de las metas.
El Cielo cubre el aire del Cielo,
se desmiente el Purgatorio
en la boca del cielo gris de
hierro, estuco y polvo de minas: ahí
excavábamos en búsqueda de
pruebas, los restos del mirar de la
paz de todas las palomas
blancas.
La nocturnidad es una cápsula de
insomnio y belleza
que crea mundos cuando se cierran sus
ojos, y son los ojos
y sus pestañas como telones
el biombo salvador de los días cuando
se acaban –apoteosis de pureza y
endorfinas-, ahí soñábamos siempre,
bajo el telar de estrellas que indican
un Norte sin patria y sin salida.
Son los sueños más allá de la materia,
y son,
y existen,
y son un mundo gris en la dulzura.
La plata taciturna de la ciudad en las
canas de las ancianas
donde hay pájaros de arena
y conversaciones en un café
y cartas perdidas
y escaleras: el mundo marchito de la
vejez
que señala con hueso delgado el fin de
los mundos.
La eternidad introducida en sí misma
vagando por el ala herida del tiempo;
el tiempo en sí mismo es eras,
y eras son hielo y fuego
y el fuego siempre quema.
El Mundo por el Mundo,
la vida dentro de sí misma,
la Tierra vacía de tierra: hay más
mundos más allá de éste
y también están en guerra.
Y OS VAN A JODER A TODOS
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